Noli me tángere: (el país de los frailes) novela tagala

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F. Sempere y compañía, 1886 - 228 Seiten
 

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Seite 15 - ... nadie, ni el mismo rey tiene derecho á mezclarse, y menos á imponer castigos. Y sin embargo, el general, esa calamidad con entorchados, se mete en todo. — ¡Padre, su excelencia es Vice Real Patronato ! — gritó el militar levantándose. — ¡Qué Vice Real Patronato ni qué niño muerto! — contestó el franciscano levantándose también. — En otro tiempo se le hubiera arrastrado, como ya hicieron una vez las Corporaciones con el impío gobernador Bustamante. ¡ Aquellos sí que eran...
Seite 16 - ... hombre honrado y justo no se suicida. Y volviendo la espalda al franciscano continuó: — Pues bien; este fraile, á su vuelta al pueblo, después de maltratar al pobre coadjutor, ha hecho desenterrar y sacar fuera del cementerio el cadáver de mi infortunado amigo, para enterrarlo no sé dónde. El pueblo de San Diego ha tenido la cobardía de no protestar; verdad es que muy pocos lo supieron. El muerto no tenía ningún pariente y su hijo único está en Europa. Sin embargo, se enteró su...
Seite 31 - ... envidiaban. Los españoles que venimos á Filipinas no somos desgraciadamente lo que debíamos: digo esto tanto por uno de sus abuelos de usted, como por los enemigos de su padre. Los cambios continuos, la desmoralización de las altas esferas, el favoritismo, lo barato y lo corto del viaje tienen la culpa de todo: aquí viene lo más perdido de la Península, y si llega uno bueno, pronto le corrompe el país. Pues bien, su padre de usted tenía entre los curas y los españoles muchísimos enemigos....
Seite 14 - ¿No estaba vuestra reverencia contento en pl pueblo? Fray Dámaso, á esta pregunta, hecha con un tono tan natural y casi negligente, perdió la alegría y dejó de reír. — ¡No! gruñó secamente, y se dejó caer con violencia contra el respaldo del sillón. El dominico prosiguió en tono más indiferente aún : — Debe de ser muy doloroso dejar á un pueblo que se conoce como el hábito que se lleva. Yo, al menos, sentí dejar Camiling, y eso que estuve pocos meses... pero los superiores lo...
Seite 12 - ¡No comprendo que tenga eso nada que ver con el desestanco del tabaco!— pudo contestar al fin el joven rubio, mientras que el franciscano tomaba una copita de Jerez. Fray Dámaso, lleno de sorpresa, estuvo á punto de dejar caer la copa. Quedóse un momento mirando de hito en hito al joven, y — ¿Cómo? ¿cómo? — exclamó después con la mayor extrañeza. — Pero ¿es posible que no vea usted lo que está más claro que la luz del día?
Seite 11 - , que por el mes de Septiembre, allá en el Tyrol, pasaban á media noche en una barca por un lago, y al depositar en la mano del pobre barquero una moneda de plata fría como el hielo, lo dejaban lleno de espanto. Uno de los paisanos, un hombre pequeñito, de barba negra, sólo tenía de notable la nariz, de extraordinarias dimensiones; el otro, un joven rubio, parecía recién llegado al país. Con éste sostenía el franciscano una viva discusión. — Ya lo verá — decía el fraile ; — cuando...
Seite 13 - Ni otro más vicioso ni más ingrato ! — ¡Ni más mal educado! El joven rubio se puso á mirar con inquietud á todas partes. — Señores — dijo en voz baja — creo que estamos en casa de un indio; esas señoritas... — ¡Bah! ¡No sea usted tan aprensivo! Santiago no se considera como indio, y además no está presente y... ¡ aunque estuviera ! Esas son tonterías de los recién llegados. Deje que pasen algunos meses; cambiará de opinión cuando haya frecuentado muchas fiestas y bailújans,...
Seite 14 - ... acto seguido su paseo. — ¿Qué quiere usted decir? — preguntó el teniente frunciendo las cejas. — ¿Qué quiero decir?... — repitió fray Dámaso alzando más la voz y encarándose con su interlocutor. — ¡Digo lo que me da la gana! Quiero decir que cuando el cura arroja del cementerio el cadáver de un hereje^ nadie, ni el mismo rey tiene derecho á mezclarse, y menos á imponer castigos. Y sin embargo, el general, esa calamidad con entorchados, se mete en todo. — ¡Padre, su excelencia...
Seite 115 - ... para guiarlos por el camino, ni la columna de fuego de noche para mostrarles el camino por donde debían ir. 20 Y les diste tu espíritu bueno, para que los enseñase, y no quitaste tu maná de su boca, y les diste agua en su sed.

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